La Mirla
(Nota previa: alguien que sepa leer y no sepa cantar, ni llorar)
¿Para qué le voy a grabar el canto de la mirla a mi abuela en un disco?
Para que;
si a "los tres dias que le quedan"
quizá lo único que conozca de memoria
es el centelleo de su aliento.
Mi abuela
se levanta temprano, recoje sus dolores
y conversa en soledad.
Le pregunta temores a las ollas;
por ejemplo;
que almorzará
sin aun haber desayunado.
La palma de la mano de mi abuela cuenta la historia de su enfermedad.
Sus dedos, todos bien arreumatados
hablan de un placer
que ya no puede asir.
Mi abuela tiene talento especial
para ser una autoridad.
Ella y a sus espaldas, toda ella,
se va cargando a cuestas
hasta la plaza del pueblo.
Toda reina, mal vestida,
con sus rasgados ojos azules
delimitando un surco
inexorable y marginal.
Es un sueño en flor la abuela.
En otro tiempo, la abuela sueña
que es una flor
pero todavia no sabe cual.
Impedida por una colección
de olores y colores
que cuida como a una constelación
de ideas simples que te marcan;
que no puedes nombrar
pero sabes que ahi están.
Desde el solar
ella contempla
todas sus edades y oficios,
Cuando corrían los hijos por el prado, y cuando ese mismo prado
era transformado
en campo de guerra ancentral
para matar gallinas
con un palo de escoba.
¡Cómo le voy a grabar el canto de la mirla a la abuela en un disco!
Si Gilma niña, madre y abuela jugó
desde siempre
sabiendo mirar el árbol
que adopta a la mirla,
que hace que Gilma
siga saliendo a jugar.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Formas del bossanova
Una mujer llora en la esquina oscura
de un lugar sin eco,
amplio, limpio.
El tiempo es perfecto
y baila.
La mujer llora
mientras se recoje el pelo
para ondearlo
y dejarlo caer
sobre su espalda.
Sus lágrimas derraman el sonido
Como cristales
unidos a un radar.
Sus brazos se dejan, se van.
Todos los movimientos suceden aletargados.
Ella respira y se acalambran los instantes. Muerde los sabores frugales,
fragua un castillo frente al mar.
Se deja ir, se va.
No vuelve más.
Una mujer llora en la esquina oscura
de un lugar sin eco,
amplio, limpio.
El tiempo es perfecto
y baila.
La mujer llora
mientras se recoje el pelo
para ondearlo
y dejarlo caer
sobre su espalda.
Sus lágrimas derraman el sonido
Como cristales
unidos a un radar.
Sus brazos se dejan, se van.
Todos los movimientos suceden aletargados.
Ella respira y se acalambran los instantes. Muerde los sabores frugales,
fragua un castillo frente al mar.
Se deja ir, se va.
No vuelve más.
Veneranda
Licores apaciguadores del delirio,
Provocan curar con la palabra lo que no pueden curar con el llanto.
Manos ocre devienen sonidos de pulseras brillantes.
La Tarde roja y naranja baila en el azul del horizonte.
Tiembla la tierra,
duermen los sonidos.
La oscuridad se ocupa de la atmósfera
y moldea el estupor de las cosas
que no han salido bien.
Veneranda suda y sana en el viento
y vive en todas las cosas de la tierra
que la han dejado sin aliento.
Licores apaciguadores del delirio,
Provocan curar con la palabra lo que no pueden curar con el llanto.
Manos ocre devienen sonidos de pulseras brillantes.
La Tarde roja y naranja baila en el azul del horizonte.
Tiembla la tierra,
duermen los sonidos.
La oscuridad se ocupa de la atmósfera
y moldea el estupor de las cosas
que no han salido bien.
Veneranda suda y sana en el viento
y vive en todas las cosas de la tierra
que la han dejado sin aliento.
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