miércoles, 12 de marzo de 2014

La Mirla 

(Nota previa: alguien que sepa leer y no sepa cantar, ni llorar) 

¿Para qué le voy a grabar el canto de la mirla a mi abuela en un disco? 
Para que; 
si a "los tres dias que le quedan" 
quizá lo único que conozca de memoria 
es el centelleo de su aliento. 

Mi abuela
 se levanta temprano, recoje sus dolores 
y conversa en soledad. 
Le pregunta temores  a las ollas; 
por ejemplo;
que almorzará
sin aun haber desayunado.

La palma de la mano de mi abuela cuenta la historia de su enfermedad. 
Sus dedos, todos bien arreumatados 
hablan de un placer 
que ya no puede asir.
Mi abuela tiene  talento especial 
para ser una autoridad. 
Ella y a sus espaldas, toda ella,
se va cargando a cuestas 
hasta la plaza del pueblo. 
Toda reina, mal vestida, 
con sus rasgados ojos azules 
delimitando un surco 
inexorable y marginal. 

Es un sueño en flor la abuela. 
En otro tiempo, la abuela sueña 
que es una flor 
pero todavia no sabe cual. 
Impedida por una colección 
de olores y colores 
que cuida como a una constelación 
de ideas simples que te marcan; 
que no puedes nombrar 
pero sabes que ahi están. 

Desde el solar 
ella contempla 
todas sus edades y oficios,
Cuando corrían los hijos por el prado, y cuando ese mismo prado 
era transformado 
en campo de guerra ancentral 
para matar gallinas 
con un palo de escoba. 

¡Cómo le voy a grabar el canto de la mirla a la abuela en un disco! 
Si Gilma niña, madre y abuela jugó 
desde siempre 
sabiendo mirar el árbol 
que adopta a la mirla, 
que hace que Gilma
siga saliendo a jugar. 

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