jueves, 3 de diciembre de 2009

De antaño

Ahora que he visto tanto de sombras y de espejos que no se como llamarme, donde resuena mi eco.

-hay que hablar poco para escuchar muy quedo lo que dice la luna de sutiles velos-
y recordar las alfombras de los pastizales secos que alumbraban mi infancia como en aquel enero.
ahi yo era joven y limpia y eterno el ensueño
de ver pasear a mi madre cerca y tambien lejos
donde la risa era el canto mas proximo al beso
donde la mirada no desvelaba ni el mas antiguo deseo
alli donde mi padre saboreaba el aire
y mi madre cantaba en la tierra del silencio
y mi hermana era un ave, una hormiga, un olor dulce en las entrañas de la tierra.


alli mi mar mi rio como mi pie y mi ala.
alli mi sustento, mi fruta, mi olor a caña quemada.
como te extraño trapiche, como te entregaria mi alma
por un instante en olores de ti, abrazada
y esa mi montaña tejida, de llanura fertil bañada
de esta melancolia que roe con dientes filosos mi alma
de esta tristeza tan grande, que da estar lejos de casa
de tener el corazon virtuoso para darselo a mi madre
y que mi padre me espere en el centro de la plaza
para caminar con el de su mano, bien atada.
pronunciando el silencio y sin decirnos nada.
!que de un salto el recuerdo y que no sea una redada
que mi voz alcance las tierras que ahora se ven lejanas
que donde moren mis penas
more mi bien amada
madre, luz de mis tinieblas
padre, sol de mis entrañas.
alla va la sonrisa que salia con la lagrima.
alla va la caricia que no desperdicia habla.
Demorando el silencio para que la palabra advierta su color: la percepción del eco, sonido que eleva al yo para que llegue a nosotros el deseo mas proximo,el de escucharnos.

Partires

I

Deliro con mis personajes.
retiro el placer del odio.
me lamento menos; quiero decirle.
todo encaja muy bien en esta mierda de vida.
levanta los ánimos por lo menos, saberlo.


II


Perderse en si mismo para aceptar la soledad como un caballo viejo.

las cuerdas de la guitarra ya no cantan.

el color de los fantasmas
se camufla en nuestros cuerpos. 
-y decir con eso que permanece la búsqueda-
si es que algo hay que saber.
(saber, para después encontrar)
no dar nada por concluido
porque la vejez viene de un golpe.


III


si se trata de callarse la boca
hay que ser muerto.

recorrer la aurora cientos de veces demostrando

asi que te apasiona,
 como la frágil
tentaciòn de encontrar
la inspiración y la metáfora.

Cantar sin luz para iluminar el silencio.

Simular frente al espejo (poseedor de todos los rostros) que tenga sentido.
hablar me pesa. me disloqué el hombro izquierdo. he dado la vida por envolver de instantes cada encuentro y ahora no entiendo que era lo que buscaba. algo tan puro no me pudo servir para tan poco.
transitando prescrita de tristeza, demandando placer desde el brazo que tirita con mafia y desenfreno, así me cuajo: en el lenguaje.

haced de acero un esqueleto para moverme por esta ciudad, dios mio! de acero inexorable para que no lo quiebre la amargura, y sufrir por el suelo y demasiado alto. aca si me duele, el hambre, la mano sucia, la que ya es ceniza; aca si me duele.

calcando palabras sobre el sancrito, o rezando un rosario en medio del cine, o con la boca abierta (tan abierta) porque soy invisible. callo porque ha llegado el exilio. Autoexiliada de mi propia mansedumbre, por recobrar el devenir de mi objeto que contiene mi sujeto desterrando la anglosajona america que me desconoce. porque, si mi mano antigua permite reflejar todo lo perecedero tan poblado de fugas, de niños caminando descalzos sobre el rio purpura de tu nombre: Dios.
¿vendrá mi madre y acariciara mis cabellos, vendra mi madre y le besare las manos, lamere sus uñas destilandole mis sueños, pensaba que era sutil alejarme, sutil el velo?

tarda la razon en disparar su fecha, la partida, la candileja.

respirar aire puro, del viento sureño y estrelicio, como bocanada de catarata, como iceberg descongelandose.
dame tu nombre risa, asi recuerdo mi cuerpo. ahora que soy solo rostro para iluminar de ecos mi casa. sola mis voces y yo sola, madre de nadie.