sábado, 28 de marzo de 2015

ESCRITURA
                                                                                     A Alice Munro

I
Sentada
escribiendo,
En medio de la habitación,
En un rincón hermético y distante
de todo lo que pueda distraerle,
o poner un gesto de este mundo entre sus labios y sus cejas.

Se descose.
Patea el corazón.
(No se da cuenta que casi lo quema en la hoguera)

II

Te veo
Desde lejos,
Creando.
Chorreando sangre.
Tus músculos
pretenden asirse al escritorio,
Derramando arterias.
Tu cuerpo,
bebiendo la vida,
Palpitando ideas.


Vestida de ti,
Recorres la realidad.
Amaina la verdad.
Te ofreces cruda. 
Respiras.
Escribes,
En ejercicio
de igualdad con el papel.


Herir

La palabra huyendo de mi boca
Cual pájaro hambriento.
La palabra,
Otra arma que apuñala por la espalda. 
I
Amanece
Y el sol
Reconoce la tierra

El alma a solas
con el cuerpo preso
del sonido del silencio

Duelen los ojos
y ver

II
La ciudad descansa en vela
Y aunque lejos
La autopista
Se escucha su queja

Ladra,
Ruge,

Animal petrificado.
Tengo miedo
De estar sola, de no estarlo. De desaparecer, de quedarme. Tengo miedo de estarme adelantando a los hechos, y borronear el presente como suelo hacerlo y dañar lo que viene, que no está escrito por nadie.
Tengo miedo
¡Ay! Tengo miedo.
Es un deseo que tengo: tener miedo.
Y me siento a esperar, a tener más miedo  para seguir esperando tener miedo.
De todos mis miedos no sé cuál es el más grande, el más vivo, el más colorido, el que gobierna.
Solo sé que tengo miedo y es grave. No es dolor, no es angustia, no es tristeza: es miedo.
Miedo de que los demás tengan miedo por causa de mi miedo.
De que los otros sientan miedo de mi vida llena de miedo
Miedo de herirme por miedo a vivir.
Miedo de no amar a alguien más de lo que amo a mi miedo.  
Miedo de no poder superar el miedo.
Miedo de cambiar la compañía de los seres que me aman por miedo.
Miedo de reír, miedo de esperar, miedo de partir, de hablar, de callar.

Miedo de acostumbrarme a vivir con miedo.
Qué difícil es cocer las heridas!
Tardan sangrando, tardan sanando,
Y aparecen otra vez por invocación.
Crees que a las antiguas se les suman unas nuevas,
Luego te das cuenta, que son las mismas.
Más tarde,
Con todo el hilo de la memoria
Y del presente que estas tejiendo,
Quieres unir la carne que atrapa el recuerdo,
Y siempre recurres 
a los mismos rituales,
A las mismas agujas,
A los mismos consejos.
No te repitas más,
Cambia.
Deja ir.
Suelta.

Vete. 
Descocerse
Desmembrarse
Desvanecerse
Envolverse
Urdirse
Ser
En el lenguaje del viento
Ser en la palabra que no llega a la punta de la lengua, que se pierde entre silabas de un vago recuerdo,
Ser
Habitando el misterio
Repartiendo el silencio, reconociéndome en su eco.
Ser
De la luz la sombra
Del espejo el enigma
Del lugar, desierto.
Ser
De sentir, la caricia
De extrañar, el sonido

De mi nombre, partir. 
 Hoy me sana

Hoy me sana el olvido, la silaba.
Me sana la música,
Que comparte mis preguntas,
Que deja de darme respuestas, para darle al pensamiento un nuevo comienzo. 
Hoy me sana el agua y su sonido,
Que me recorre lenta, me recorre toda
Y alivia el ardor de las ideas.
Hoy me sana la estrella del sur
La que en otro lugar
Me desmembraba,  
Ha venido a salvarme del tiempo, de su dimensión interna,
Que entendemos por medio de la culpa.
Me sana el presente,
Decirlo, hacerlo: La acción.
Hoy me sana lo que dejo ir.
Me sana la paciencia, la ternura
De la gente que se ama.
Hoy me sana, saber que es  ahora.
Me sana, saber tu nombre.
Hoy me sana saber que me duele cualquier cosa mundana.
Me sana el silencio,
Olvidar el nombre de las cosas que existen.